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domingo, 21 de enero de 2018

LA AMANTE Y LA ESPOSA

A veces, me tengo preguntado cómo reaccionaría ante la situación de que mi pareja tuviera un amante. Vamos a ser francos y decir la verdad. Nunca acertaremos. Una cosa es decirlo en frío y otra encontrarte con el problema y reaccionar en caliente. Si, lo mejor es no reaccionar. Lo sé. Lo mejor hubiera sido pensarlo dos veces y no dejarse llevar por la furia momentánea, pero...las cosas son como son y a veces...no lo pensamos y reaccionamos de una forma que quizás no fuera la correcta o sencillamente que nunca nos imaginamos que reaccionáramos así.

 Éramos un matrimonio como todos, con altos y bajos y buenos y malos momentos. La monotonía se había instaurado en nuestras vidas, pero también porque era en parte lógico. Los niños...los deberes...las actividades...el trabajo. Era normal. Casi ni nos veíamos y cuándo lo hacíamos era entre pañales y mocos, muñecas y puzles, toses y clínex. Nuestra vida era un ajetreo continuo, donde para ser justos, diré que la peor parte me la llevaba yo. Yo era quién corría a todas horas, quién se marchaba a trabajar con cereales pegados en las mangas de las camisas y quién en medio de una reunión recibía las llamadas de los niños para decirme si podían jugar a la play o ver tal serie. Papá era mágico. Cuando llegaba por la noche, ya todos estaban duchados y cenados, y con un pie en la cama, pero...él llegaba y tenía el don de revolucionarlos a todos en un minuto. Pero...a los dos minutos, ya estaba diciendo que venía agotado y que tenía que descansar para que al día siguiente fuera "fresquito" a trabajar. Y así fueron transcurriendo los días y los meses, con esa monotonía que se iba adueñando de nuestras vidas. Hasta que apareció ella. Ella era la nueva vecina. Soltera, sin hijos, y nada mejor que hacer que contemplarse a sí misma y su belleza. Olía a perfume y yo a meriendas...inmaculada y pulcra en su vestimenta, y la mía siempre con algún que otro estropicio de última hora, uñas perfectas, largas y esmeradamente cuidadas. Las mías...de aquella manera! Pero que ni en eso me fijaba hasta que fue todo muy evidente! El me hablaba a veces de ella, que si la había encontrado en el ascensor...que si habían subido juntos... ¡pillín! Ahora sé lo que hacías subiendo con ella en el ascensor. ¡Lo que no hacías conmigo! Calma, lo iré contando poco a poco. El plato fuerte...¡¡¡siempre para el final!!!

Una mañana vine a casa antes de tiempo y me pareció que hablaban de una forma muy cercana. Yo abrí el portal y ellos se sobresaltaron, pero tampoco le día mayor importancia. Hablamos del tiempo y de los niños y ella subió andando, ya que dijo que así fortalecía las piernas. Yo...en ese momento miré las mías y pensé "ay dios mío... ¿que hago yo con las mías?". El me fue diciendo que era muy agradable y yo ya pensando en que por la tarde tendría que llevar al niño al médico.

Otro día, fui a buscar a mi marido a su trabajo, ya que mi madre se había ofrecido a quedarse con nuestra gran tropa de niños, para que pudiéramos ir a tomar algo juntos y solos. Y sola fui, pero yo sola. El estaba en la cafetería de cerca de su trabajo con ella tomando un café. Me quedé mirando para los dos a través del cristal y ya pensé que había algo raro. ¿Qué hacía ella por esa zona? Por fin comenzaba yo a desconfiar. ¡Y decidí ese día poner en prácticas mis artes detectivescas! ¡Madre mía lo que acabé descubriendo! ¿Como había estado tan ciega? Sus momentos libres eran para él y para la vecinita. Por las noches cuándo me decía que iba a bajar la basura, y tomarse una caña en el bar de enfrente...jamás desconfié. Pero...ahora sí. Y...lo espiaba. ¡Claro que bajaba la basura! No la iba a dejar tirada en el portal...faltaría más. Pero...se iba a toda prisa a dar su último besito de buenas noches... ¿sabéis a quién? A la vecinita. Y cuando salía tarde de casa para ir a trabajar, y no me podía llevar a mi en el coche... ¿sabéis a donde bajaba?¡¡¡¡ A casa de la vecinita!!!! Comenzaba a estar de la vecinita muy harta. El era su perrito faldero, todo el día detrás de ella pero...yo ya había trazado mi plan.

Una noche, decidí bajar yo la basura. Convencerlo...imaginaros lo que me costó. Y dije lo mismo que decía él. Iré a tomar una cañita para despejar la mente. Su cara de sorpresa fue mayúscula. Le había chafado el plan. Pero...más se lo iba a chafar, ya que los niños estaban despiertos, tendría que acostarlos y yo tenía pensado llegar muyyyyy tarde. Pero antes de ir a tomar la cañita...paré en casa de mi vecinita. Abrió la puerta y se sorprendió. Y...yo más. Iba con un camisón de tirantes muy escotado. Yo uso pijamas gordos y calcetines. Le pregunté si esperaba a alguien. Me respondió que no muy nerviosa, pero...antes de abrir...ya había oído su voz que decía "ya voyyyy cariñooo". Le dije que hoy había tenido un día muy malo y si no le importaba, necesitaba que me dejara un litro de leche que me había quedado sin ella. La escusa exacta para me abriera las puertas de su casa y yo comenzara a hablar y parlotear como una loca. Le hablé de él, de lo desastroso que era en casa, de las muchas amantes que había tenido, de su falta de higiene y del hijo que había tenido fuera del matrimonio. Por supuesto....falso todo. Bueno...lo de desastre en casa...¡¡¡¡¡eso sí!!!!!!!!! La vecinita ansiosa me miraba con ojos que le salían de las cuencas. Yo me hacía la desesperada, quejumbrosa y llorosa. Lamentándome de ese bebé que él había tenido fuera de nuestro matrimonio. Realmente viéndole la cara resultaba hasta irrisorio todo el tema. Me marché muy tarde de su casa, dándole las gracias por lo amable que había sido al escucharme. A partir de ese día, las cosas fueron muy distintas. La basura la bajaba yo e iba de "tertulia" a su casa. Mi misión estaba ya cumplida. Mi marido estaba triste y apagado. Pasaron las semanas y la vecinita se dejaba ver con su nuevo acompañante, al que mi marido le ponía cara de perro, pensando que yo no me percataba del asunto. Pero la función no había terminado. Quedaba el plato fuerte.

Una noche le dije que había enamorado de otro hombre, que no quería seguir con él, que el amor se nos había terminado. El balbuceo nervioso sin saber qué hacer. Le conté que era un compañero de la oficina. ¡Había mezclado el amor con los negocios! El hombre hasta me llegó a dar pena, ahí demuestro lo estúpida que fui siempre, pero oírle decir que no sabía que haría sin mi me rompió en mil pedazos. Pero no el corazón. Rompió en mil pedazos mi paciencia. Le hice las maletas y le dije que se fuera de casa. También le dije que sabía de su historia con la vecinita, y sabía que al final ella se había cansado de él. Omití mi mano negra...

Ese fue el final de nuestro matrimonio. Yo me quedé con mis hijos, que son lo más importante que tengo. El, volvió con sus padres, ya que su padre se puso muy enfermo y necesitaban tener a alguien cerca. Yo me volví a casar, y tengo un hijo más. El...sigue en casa de sus padres.  Su papá falleció hace unos años. Ahora le toca cuidar a su mamá. Yo soy una mujer feliz y...creo...que él ¡¡¡¡¡un hombre amargado!!!!!


 "Lo peor del pícaro es que las picardías que inventa son jocosas, parecen simpáticas y parecen perdonables."
Gregorio Marañón.






sábado, 23 de diciembre de 2017

¡Y LLEGÓ LA NAVIDAD!

Carlos observaba su casa y fijó la vista en la fotografía de su mujer. Hacía varios años que lo había abandonado. Su esposa, su compañera, su amiga. Lo había sido todo para él, y ahora se sentía solo y perdido a pesar de los años que hacía que se había ido. Habían tenido varios hijos, y ahora tenían varios nietos y un bisnieto. Se podía considerar un  hombre feliz. Su vida había transcurrido sin muchos altibajos y hasta la muerte de su mujer, ninguna desgracia los había acechado. Todas las noches hacía repaso de su vida, todas las noches recordaba...con cuanto esmero habían criado a sus hijos, cuándo se habían llegado a querer él y su mujer. Recordaba los esfuerzos tan grandes que habían tenido que hacer para que sus hijos estudiaran una carrera. Se habían sacrificado hasta el infinito, para que sus hijos vivieran mejor que ellos. Recordaba esos días haciendo horas extras para que ellos estudiaran. El buscaba otros trabajos extras y su mujer esos años se dedicó a coser en casa para poder sacar adelante a toda la familia como ellos querían. Habían sido años muy duros, pero los recordaba ahora con añoranza y con cierta tristeza.

Ya era Navidad. Era cuándo más la echaba de menos. Añoraba esos días en los que ella,  canturreaba por la casa, atareada,  preparando las fiestas. Esos días navideños, en los que los niños pedían sus platos preferidos para navidades y ella cumplía con todos sus antojos. El más pequeño siempre quería que se pusiera el nacimiento, y eso era tarea de él. Ponía un nacimiento grande en el hall de su casa. Entretenía a los niños varias tardes, iban en busca del musgo para hacerlo más real. Con el papel plata hacían el río, y buscaban la paja para tenerla en el pesebre. Y cuándo se terminaba el belén, comenzaba el árbol de Navidad. La mayor quería árbol. Le gustaba tenerlo encendido a todas horas y ver las luces encenderse y apagarse. Colocaban todo con esmero y la estrella arriba de todo." Era la estrella que nos guiaba hacia la felicidad", decía siempre la madre. Sus hijos habían sido sus luces, sus amores, los habían criado con amor y dedicación. Añoraba esas etapas de su vida.

Y ahora...ya era navidad. Se levantó y colocó los turrones en las bandejas como hacía su mujer, y los bombones... unas copas…unas botellas de champán. Sabía que nadie cenaría con él. Todos tenían obligaciones y él ya era un estorbo. Lo tenía asumido. Pero aun así, esperaba a toda su familia con ansiedad, y con un nudo en la garganta. Echaba de menos cuándo él era imprescindible, echaba de menos que se juntaban todos a cenar. Echaba de menos las discusiones diarias, sobre todo estos días que se hacían siempre tan importantes para su familia. En los que todos se sentaban a la mesa, y daban gracias por estar todos juntos, por la armonía que reinaba siempre en la casa…por las risas de su mujer y la suya…cómplices de lo que habían conseguido. Una familia unida, una familia perfecta.

Ahora...vendrían después de comer todos, le darían un beso apresurado, cuatro toques en la espalda diciendo "que bien estás papá"...siempre faltaría alguno...y en media hora su casa estaría ya vacía.
En la cocina se preparaba su pollo cocido para la cena, con una zanahoria y una patata. Lo dejaría todo preparado para poder dedicarles tiempo a sus hijos y sus nietos. La casa olía a tristeza y soledad, a pollo cocido y a ausencias.

Y este relato no terminará bien ni mal. Sencillamente, el señor Carlos, tenía razón. Sus hijos llegaron apresuradamente y llenaron la casa de barullo y risas, de conversaciones olvidadas y llantos de bebes. El observaba mientras todos hablaban entre ellos. El...era invisible, parecía que nadie se percataba de que estaba allí...con su traje y su corbata...recién peinado...se había puesto su mejor colonia, y observaba a su familia con cierta tristeza.

A la media hora exacta, Don Carlos estaba solo, observando en la cocina, como su cena de Nochebuena se preparaba lentamente. Las lágrimas corrían por sus mejillas mientras observaba su pollo. La casa se había quedado muda, vacía, lúgubre y triste. Igual que su alma.

Midala os desea a todos una Feliz Navidad. No nos miremos tanto el ombligo, seamos más generosos con los demás. No es un relato cualquiera, es una historia que todas las navidades se repite en muchas casas, por desgracia. Nuestra comodidad y egoísmo hace que olvidemos que todas las personas, necesitamos cariño.Te quiero papá y te echo de menos.

jueves, 23 de noviembre de 2017

MI VIDA SE APAGA


Es increíble. No sé cómo me ocurrió, pero, aquí estoy. Tirado y temblando de frío. Creo que me quedé dormido mientras conducía. Fueron unos segundos, los suficientes para que se me fuera el coche en una curva y aquí estoy yo, sin poder moverme. Escucho voces a lo lejos que me llaman, pero no puedo contestarles. Me duele todo y sangro bastante. Creo que es el miedo que me atenaza y me impide que salga la voz. Tengo la cabeza inclinada y veo perfectamente como estoy. Atrapado dentro de los hierros del coche. Cerca oigo el ruido de un río y escucho el correr del agua. Si soy capaz de centrarme solo en el correr del agua...creo que llegaré a relajarme mientras no llega algún tipo de ayuda.

 Veo que unas personas están intentando bajar por el terraplén, quiero decirles que tengan cuidado pero no me sale la voz...Los veo bajar, y a una mujer la veo arriba muy nerviosa con el móvil en la mano y manteniendo una conversación. Intuyo que está llamando a la ambulancia, que realmente... ¡falta me hace! A mí alrededor está todo lleno de sangre. Una de las personas que bajaba ya está a mi lado. Es un hombre joven, de unos 24 años, que solo da vueltas a mi alrededor y musita ¡Dios Mío! como si con eso fuera a arreglar algo. Quiero decirle que espabile, que me haga un torniquete en las heridas, que veo demasiada sangre. Pero sigue sin salirme la voz, y el joven no hace nada más que llevarse las manos a la cabeza y musitar. Ya están llegando más personas, y entre ellas varios hombres adultos. Eso me tranquiliza, y a ver si deja el chaval de decir Dios Mío ¡porque va a conseguir ponerme nervioso! Un hombre mayor se acerca a mí y me mira, se lamenta. Vuelven los lamentos. Aquí parece que me tocaron los más tontos de la carretera. En vez de hablarme y tranquilizarme...de intentar cortar las hemorragias que tengo...todos musitan como si...¡¡¡¡ no los viera y oyera!!!! A lo mejor piensan que estoy desmayado. Es que ya no se qué pensar. Ya están conmigo un grupo de personas, alguna se sientan lejos del coche, dicen que esperan a que llegue la ambulancia. Una mujer joven se acerca a mí, y me da la mano.¡¡ Menos mal!! Alguien tiene por fin una reacción lógica. Otra de las personas, busca por el coche, dice que mi móvil, le oigo comentar. ¡Era lo que me faltaba! Si llaman a mis hijos y les dicen que he tenido un accidente y estoy sin sentido, les pueden dar un susto de muerte. Si es que...estoy casi al lado de mi casa. Estaba  llegando. Después de un viaje de horas...me duermo a dos minutos de mi casa. ¡Qué estúpido soy! Pues...el bueno del señor encontró el móvil y está llamando. Escucho toda la conversación. Es uno de mis hijos. Tengo a todos metidos en un grupo de wuasap y nos hablamos a todas horas. El grupo se llama Mis hijos. Nada original, lo sé, pero es lo que se me ocurrió. La mujer sigue a mi lado acariciándome y se lo agradezco, necesito alguien a mi lado. Se acerca a mi oído y me dice muy suavemente que me vaya tranquilo. ¡Esta es boba! me está enfadando. ¿A dónde pretende esta mujer que me vaya? Pretende que me deje ir y que no pelee? Esta mujer está loca. Yo pelearé por mi vida hasta el final, y tampoco estoy tan mal. Lo que necesito es ayuda médica y ya. Pero como dicen el refrán, el que espera....desespera. Y tengo que tener paciencia y esperar, pero la verdad...con esta pandilla de inútiles que bajaron en mi ayuda...poca paciencia puedo tener. Musitan...hablan entre ellos y........¡¡

- Eooooo que no estoy desmayado señoresss, ¡¡que los estoy escuchando!!

Pasan unos minutos interminables en los que todo a mí alrededor se mueve lentamente. Parecen títeres sin cabeza, no saben reaccionar ante esta situación. Y...no es que los culpe...para nada. Solo que me desesperan. Por fin veo que llega la ambulancia y rápidamente se pone todo en marcha toda mi ayuda. Por fin alguien intentará ayudarme. Solo tengo ganas de salir de esta situación ya y ponerme bien. Pero... ¿que ven mis ojos?..¡¡Son mis hijos!! Bajan el terraplén a carreras, detrás de los camilleros. Esto es como una romería. Solo faltan los gaiteros. El camillero se acerca y separa a todo el mundo. Me toca en el cuello y mueve la cabeza negativamente. ¡Otro idiota! ¿Pero no hay nadie competente en este país? .Mis hijos se acercan a mí y por fin los noto. Noto el calor de sus cuerpos, escucho sus llantos y sus palabras de desesperación. Solo mencionan mi nombre repetidas veces. Yo quiero llorar...pero no puedo. Quiero consolarlos...y tampoco puedo. Quiero decirles que los amo por encima de todas las cosas, quiero decirles muchas cosas, pero...no puedo. Quiero abrazarlos, quererlos,besarlos, decirles que los necesito, que son mi vida. Pero no puedo.
 Noto como si mi cuerpo se desplegara...el cuerpo herido queda ahí...tendido en el barro y cubierto de sangre. Y...el alma...se va del cuerpo. Estoy muerto. Ahora lo comprendo todo.

“La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es, y cuando la muerte es, nosotros no somos.” (Antonio Machado)

miércoles, 11 de octubre de 2017

LO PERDI TODO

La habitación estaba casi a oscuras y el día no ayudaba a ver las cosas de forma muy distinta. Lola fumaba pitillo tras pitillo contemplando la foto de sus dos hijos. Su marido permanecía en el otro sillón, callado, lloroso y por la casa se oía el murmullo de la gente, familiares y amigos que querían permanecer a su lado en este duro trance. Lola movía la cabeza con rotundidad sin poder creer lo acontecido. Parecía cosa de meigas o de brujas, cosa del demonio

Vivían en una aldea muy pequeña, al norte de Galicia. Su marido trabajaba en una empresa naval de administrativo. Las cosas habían ido muy mal durante muchos años. Creyeron perder el trabajo montones de veces pero...la suerte siempre les había acompañado a pesar de que Lola muchas veces lloraba y se lamentaba de su mala suerte cuándo oía que no había trabajo, que la fábrica iba a cerrar. Lola se anteponía a lo que iba a suceder y sufría enormemente en vano, ya que el único que sabe tú destino es nuestro Dios. Ella se consideraba desdichada y pensaba en lo que sucedería si en algún momento la fábrica cerraba. El sueldo de sus hijos era...irrisorio. Ellos eran pintores, los dos, y se ofrecían por horas para pintar las casas. Iban quitando unos eurillos ya que cobraban muy poco y trabajo parecía que no les iba faltando. Pero lo poco que sacaban era para la gasolina ya que de la ciudad al pueblo había unos cuántos kilómetros.

Ella siempre había sido una mujer muy activa dentro de la parroquia de su pueblo y ayudaba mucho en la Iglesia. En la última recolecta que había realizado con el párroco, habían ido por las aldeas, recaudando alimentos para los más necesitados y Lola había sido una de las impulsoras en dicha campaña. También había acudido con el párroco a hablar con el alcalde. La carretera para llegar a su aldea estaba llena de socavones y era un peligro. Habían acudido varias veces a hablar con él. Ellos pagaban los impuestos al igual que todos los de su pueblo y no comprendían como esa carretera podía estar en ese estado.  Era una mujer activa y luchaba por el bienestar de su parroquia.

Quién le iba a decír a ella, que tal día como hoy, viniendo sus hijos de trabajar, habían perdido el control del coche en uno de esos socavones. Se habían caído por la cuneta 30 metros. Los dos habían fallecido. Sus dos hijos, los únicos que tenían, sus dos amores. Con ellos se habían ido sus ganas de vivir. Tanto como había peleado ella por los accesos de la carretera....tanto como había peleado por un nuevo asfaltado del terreno...y ahora...sus hijos habían fallecido ahí. En la misma carretera donde ella había exigido ante el alcalde unas mejoras. Y con sus hijos...ya iban cuatro personas en lo que iba de año. Y en ese instante Lola decidió luchar con todas sus fuerzas para que la muerte de sus dos hijos fueran las últimas de su pueblo. Ese pueblo tan hermoso...de vegetación verde y lluvia constante...

Los meses fueron pasando y Lola se convirtió en una heroína para su parroquia, aunque ella solo tenía un objetivo. Nunca más, ni uno más. Exigió una mejoría de esa carretera de forma inmediata. La tristeza y la melancolía eran tan inmensas que había días en los que parecía que todo se iba a derrumbar, pero miraba las fotos de sus hijos y seguía adelante, peleando por lo que creía justo. A los pocos meses las máquinas aparecieron por la aldea y con ellas el barullo de los obreros y el ruido. Lola ya se sentía en paz, había conseguido su propósito. Pero...ahora venía lo peor. Hacer frente a la verdad, y la verdad era que estaba sin sus seres más queridos, sin sus hijos y la verdad sin la lucha...se le hacía aún más dolorosa. Su sensatez y su cordura se a veces las ponía en duda. El dolor era tan inmenso que creía que morir era lo mejor.

 Ella antes del accidente lo tenía todo...y no se daba cuenta.............................................

Es una historia ficticia pero...a la vez real, porque ocurre a menudo en todas partes del mundo.

La vida es como montar en bicicleta. Para mantener el equilibro hay que seguir pedaleando.
Albert Einstein (1879-1955) Científico alemán nacionalizado estadounidense.

lunes, 14 de agosto de 2017

EL MATRIMONIO PERFECTO



Marta y Juan eran una pareja aparentemente normal. El era uno de los pocos fotógrafos del pueblo, al que la gente le tenía una gran estima, y Marta era su mujer, ama de casa y mujer muy devota y siempre dispuesta a ayudar al prójimo. Los domingos acudian a la iglesia con sus dos niños y ella ayudaba en todos los menesteres que el párroco proponía. Los martes y jueves cosían, los lunes y miércoles hacían mercadillos para recaudar dinero para la gente más necesitaba. ¡Eran el ideal de matrimonio.

Vivían en las afueras, en una casa grande, con un jardín que Marta arreglaba diariamente con delicadeza y cuidado. Eran amantes de las plantas y los animales, eran amantes de la vida y de ayudar al prójimo.

Pero esta pareja era muy peculiar, y detrás de esa imagen de gente honrada y buena...aparecía la maldad, el histerismo, la crueldad más insólita. Eran la pareja perfecta para la hazaña que llevaban en común. Ninguno de los dos sabía lo que era la piedad, y se escondían detrás de una imagen inmaculada, totalmente calculada.


Cuándo la casa estaba en completo silencio y ya la noche envolvía todos los rincones del hogar, ambos bajaban las escaleras que daban al sótano lentamente. Llevaban una bolsa en sus manos. Era como un ritual. Todas las noches hacían lo mismo. Ni que decir tiene que ese espacio era de ellos dos, sus hijos tenían prohibido bajar terminantemente, y como buenos hijos, no lo hacían nunca. Allí estaba su gran secreto, el secreto imposible de sacar a la luz.

Abrieron una puerta y comprobaron que ninguno de sus hijos estaba allí. Toda prudencia era poca. Cerraron con llave y se quedaron en una habitación pequeña, donde había otra puerta, mucho más gruesa. Metieron la llave y dentro se oyeron ruidos, pero al entrar ellos, el silencio envolvió la habitación de nuevo. Encendieron una luz tenue que permanecía todo el día apagada hasta la noche. La crueldad más inhumana estaba ocurriendo en esa habitación, donde dos personas aparentemente normales, estaban llevando a cabo algo inimaginable.

Observaron la habitación y Marta refunfuñó. Había mierda por todas partes. Todo era un asco, y el olor era insoportable. Pero lo que no estaba dispuesto es a limpiar esa porquería. Eso lo tenía muy claro. Observó las dos caras que la miraban desde sendos colchones. Sus ojos denotaban cansancio y miedo. Mucho miedo. Marta abrió la bolsa y tiró a cada cama un trozo de pan, unas piezas de fruta y una botella de agua para cada una. Ambas cogieron los alimentos apresuradamente y agarrando el pan con las dos manos comían como si nunca hubiesen visto comida. Sabían que hoy tenían eso...pero los siguientes días igual no comían ni un miserable trozo de pan. Ella las observaba con una muesca de asco y Juan se acercó a la más joven y le dio una patada. Porque sí. Porque ahí mandaban ellos y se hacía lo que ellos decían y lo que ellos querían. Ese arranque de violencia envalentonó a Marta e hizo lo mismo con la persona de la otra cama. Las dos lloraban y gemían, mientras ellos reían. Reían de forma estrepitosa, Marta giraba alrededor de sí misma  escupiendo saliva y gritando. Los insultos cuánto más alto y as fuertes mejor. Era algo placentero para ella, pegar, escupir y maltratar a las personas que allí estaban. Solo él y ella sabían de su existencia, y disfrutaban haciéndoles daño. Juan cogió el palo de la escoba y comenzó a darles pequeños golpes a una de las mujeres, a la más joven, mientras ella se iba cayendo hacia atrás y a la vez comiendo. La alegría al verlas sufrir era un revulsivo para su maldad, danzaban alrededor de sus cuerpos con risas descontroladas, mientras las dos mujeres se acurrucaban en la esquina del colchón. El saco su cámara fotográfica y como hacía una vez al mes, les sacaba fotos mientras Marta proseguía con sus actos violentos.

Cuándo las risas y las maldades los dejaron exhaustos, se colocaron las ropas. Atusaron sus cabellos y apagaron la luz. Abrieron la primera puerta y al salir de allí, su imagen era otra. La de un matrimonio serio y formal. Salieron de la mano por la segunda puerta y accedieron a la cocina. Allí le dio un beso a su mujer y se fue al cuarto de revelar las fotografías. Era un cuarto grande. Las paredes estaban llenas de fotos. Casi todas eran iguales. Una señora mayor y una joven. También había carteles pegados debajo de cada fotografía. Eran mujeres que desaparecían y que nunca eran encontradas. El gran secreto del matrimonio, la gran diversión, la cara más amarga de la maldad, de dos seres ruines y perversos. Cientos de fotos inundaban ese cuarto. Mujeres desaparecidas y jóvenes eran las protagonistas de esta historia. Nunca nadie sospecharía de ellos. Lo habían planeado todo y...su hermoso jardín...cada seis meses, tenía un abono muy especial.

La maldad no necesita razones, le basta con un pretexto. (Johann W. Goethe)