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lunes, 14 de agosto de 2017

EL MATRIMONIO PERFECTO



Marta y Juan eran una pareja aparentemente normal. El era uno de los pocos fotógrafos del pueblo, al que la gente le tenía una gran estima, y Marta era su mujer, ama de casa y mujer muy devota y siempre dispuesta a ayudar al prójimo. Los domingos acudian a la iglesia con sus dos niños y ella ayudaba en todos los menesteres que el párroco proponía. Los martes y jueves cosían, los lunes y miércoles hacían mercadillos para recaudar dinero para la gente más necesitaba. ¡Eran el ideal de matrimonio.

Vivían en las afueras, en una casa grande, con un jardín que Marta arreglaba diariamente con delicadeza y cuidado. Eran amantes de las plantas y los animales, eran amantes de la vida y de ayudar al prójimo.

Pero esta pareja era muy peculiar, y detrás de esa imagen de gente honrada y buena...aparecía la maldad, el histerismo, la crueldad más insólita. Eran la pareja perfecta para la hazaña que llevaban en común. Ninguno de los dos sabía lo que era la piedad, y se escondían detrás de una imagen inmaculada, totalmente calculada.


Cuándo la casa estaba en completo silencio y ya la noche envolvía todos los rincones del hogar, ambos bajaban las escaleras que daban al sótano lentamente. Llevaban una bolsa en sus manos. Era como un ritual. Todas las noches hacían lo mismo. Ni que decir tiene que ese espacio era de ellos dos, sus hijos tenían prohibido bajar terminantemente, y como buenos hijos, no lo hacían nunca. Allí estaba su gran secreto, el secreto imposible de sacar a la luz.

Abrieron una puerta y comprobaron que ninguno de sus hijos estaba allí. Toda prudencia era poca. Cerraron con llave y se quedaron en una habitación pequeña, donde había otra puerta, mucho más gruesa. Metieron la llave y dentro se oyeron ruidos, pero al entrar ellos, el silencio envolvió la habitación de nuevo. Encendieron una luz tenue que permanecía todo el día apagada hasta la noche. La crueldad más inhumana estaba ocurriendo en esa habitación, donde dos personas aparentemente normales, estaban llevando a cabo algo inimaginable.

Observaron la habitación y Marta refunfuñó. Había mierda por todas partes. Todo era un asco, y el olor era insoportable. Pero lo que no estaba dispuesto es a limpiar esa porquería. Eso lo tenía muy claro. Observó las dos caras que la miraban desde sendos colchones. Sus ojos denotaban cansancio y miedo. Mucho miedo. Marta abrió la bolsa y tiró a cada cama un trozo de pan, unas piezas de fruta y una botella de agua para cada una. Ambas cogieron los alimentos apresuradamente y agarrando el pan con las dos manos comían como si nunca hubiesen visto comida. Sabían que hoy tenían eso...pero los siguientes días igual no comían ni un miserable trozo de pan. Ella las observaba con una muesca de asco y Juan se acercó a la más joven y le dio una patada. Porque sí. Porque ahí mandaban ellos y se hacía lo que ellos decían y lo que ellos querían. Ese arranque de violencia envalentonó a Marta e hizo lo mismo con la persona de la otra cama. Las dos lloraban y gemían, mientras ellos reían. Reían de forma estrepitosa, Marta giraba alrededor de sí misma  escupiendo saliva y gritando. Los insultos cuánto más alto y as fuertes mejor. Era algo placentero para ella, pegar, escupir y maltratar a las personas que allí estaban. Solo él y ella sabían de su existencia, y disfrutaban haciéndoles daño. Juan cogió el palo de la escoba y comenzó a darles pequeños golpes a una de las mujeres, a la más joven, mientras ella se iba cayendo hacia atrás y a la vez comiendo. La alegría al verlas sufrir era un revulsivo para su maldad, danzaban alrededor de sus cuerpos con risas descontroladas, mientras las dos mujeres se acurrucaban en la esquina del colchón. El saco su cámara fotográfica y como hacía una vez al mes, les sacaba fotos mientras Marta proseguía con sus actos violentos.

Cuándo las risas y las maldades los dejaron exhaustos, se colocaron las ropas. Atusaron sus cabellos y apagaron la luz. Abrieron la primera puerta y al salir de allí, su imagen era otra. La de un matrimonio serio y formal. Salieron de la mano por la segunda puerta y accedieron a la cocina. Allí le dio un beso a su mujer y se fue al cuarto de revelar las fotografías. Era un cuarto grande. Las paredes estaban llenas de fotos. Casi todas eran iguales. Una señora mayor y una joven. También había carteles pegados debajo de cada fotografía. Eran mujeres que desaparecían y que nunca eran encontradas. El gran secreto del matrimonio, la gran diversión, la cara más amarga de la maldad, de dos seres ruines y perversos. Cientos de fotos inundaban ese cuarto. Mujeres desaparecidas y jóvenes eran las protagonistas de esta historia. Nunca nadie sospecharía de ellos. Lo habían planeado todo y...su hermoso jardín...cada seis meses, tenía un abono muy especial.

La maldad no necesita razones, le basta con un pretexto. (Johann W. Goethe)

miércoles, 2 de agosto de 2017

AVARICIA

Don Juan, como todas las mañanas, bajaba a dar su paseo matinal y con su bolsa del supermercado llena de pan, iba al jardín a darle de comer a los pájaros y pasaba parte de la mañana contemplándolos. Era algo que hacía desde que su mente llegaba a recordar. En la primavera hacía allí las tertulias con sus conocidos, y así transcurría su vida. Entre tertulias y pájaros. Y cuándo se retiraba a su domicilio, llegaba la soledad de sus cuatro paredes. ¡Claro que tenía parientes si eso os estáis preguntando! Don Juan tenía dos hijos y una hija, y dos hermanos. Pero sus conocidos siempre comentaban que los años pasaban y nunca se veía a nadie que viniera a atenderlo, a darle un poco de cariño. El nunca hablaba de sus hijos, ni de sus familiares más cercanos. Era como si no existieran. Sus tertulias eran banales y jamás se tocaban temas personales, por lo menos Don Juan. Los demás podían marcharse antes, ya que acudían a buscar a sus nietos, o venían sus hijos a comer a sus casas. El nunca tenía compromisos. Para él la vida era plana...sin altibajos.

Don Juan, para sus vecinos, había ido apartando a toda la gente de su lado poco a poco con su afán de poseer cada día un poco más. Muchos de sus contertulianos se extrañarían si supieran que Juan, realmente era un hombre con muchísimo dinero. Y vivía en un barrio de clase baja, sin ayuda de ningún tipo, y podía permitirse todo tipo de lujos. Para él esa era su vida. Una vida plena y llena. Cada día controlaba sus cuentas y veía como su cuenta crecía y eso lo llenaba de orgullo

El pasado de Juan era un misterio para sus vecinos. Juan venía de una familia de dinero y poseía lo inimaginable. Había apartado de su lado a toda su familia con su aviara, sus ganas de poseer más y no compartir nada, sus ganas de incrementar su cuenta y pasar penurias. Su mujer lo había abandonado y él hasta se creía sus propias mentiras cuándo decía que era viudo. A su mujer le daba el dinero escaso...muy escaso para comer. Le controlaba los gastos en exceso y no le dejaba ni tan siquiera ir al banco. Ese tema era tabú. Y repitió la misma historia con sus hijos. Era una vida llena de penurias y calamidades, imposible de creer sabiendo que era millonario. La vida podía haber sido mucho más fácil. Pero su empeño en recaudar millones y más millones, se habían convertido en su obsesión. Se había convertido en un hombre avaricioso. La niñez de sus hijos no había sido nada fácil. La ropa se heredaba de unos a otros. Nunca había ropa nueva, ni había reyes, ni regalos de cumpleaños. Para que hablar de fiestas o navidades. Ni bicicletas...ni patines. Esperaban a que algún amigo compartiera con ellos sus juguetes. Y así crecieron hasta que la cruda realidad los hizo despertar. Su madre se lo dijo el día que el pequeño cumplió 18 años y ese mismo día ella se marchó. Ellos se fueron con ella. Y él, se quedó solo. Completamente solo. Pero no le importó. Ni tan siquiera los echaba en falta. Era dinero que podía ahorrar. Y él era feliz a su forma.

Una mañana no acudió a su tertulia. Y los pájaros del jardín parecían que hasta lo extrañaban. Acudían a la hora que él solía hacerlo todos los días. Pasó una semana hasta que los vecinos dieron el aviso de que hacía días que no veían a su vecino y no abría la puerta. Juan, había muerto, solo. Estaba en el salón de su casa. En una mesa había un trozo de pan y una manzana llena de moscas. Así fue como sus vecinos se enteraron de que Don Juan era en realidad un hombre multimillonario. Se encontraron fajos de billetes escondidos por todas partes. Pero en su bolsillo no había nada. Había vivido como él había querido. Y había muerto solo, quizás como él también había querido.

Es una gran locura la de vivir pobre para morir rico. (Juvenal)

martes, 25 de julio de 2017

NO TE PERDONO


Mi mundo estaba lleno de ausencias. Por ley de vida, los padres van delante de los hijos. Pero la vida no entiende de leyes, ni de justicias. Muchas veces había pensado que no debería de seguir viviendo. Mi vida era un caos...un desorden total, depresión...ansiedad...apatía...ganas de morirme...de noches de insomnio...de muchas lágrimas e impotencia, y de mucha soledad, con un vacío infinito, que solo lo conoce quién toca con sus manos el infierno. Había tenido una vida maravillosa y ahora solo deseaba morirme. La vida se había portado conmigo de una forma muy cruel e injusta y no tenía ningún aliciente para mí el seguir en este mundo.

Mi vida era todo lo tranquila que puede ser para cualquier madre que tiene hijos. Eran deportistas, les daba igual fútbol que gimnasio...bici que escalada...jamás habían fumado...ni probado las drogas. Habían sido unos estudiantes brillantes, y su futuro se les había presentado muy prometedor. Maldigo la mala suerte...maldigo todo lo relacionado con ese día una y otra vez. Yo le inculqué a mis hijos responsabilidad...amor al prójimo...respeto...Los eduqué respetando una serie de valores y...tú no hiciste lo mismo con los tuyos...y mis hijos pagaron con su vida, por tú irresponsabilidad...por tú falta de respeto y valores. ¿Porque no te ocupaste de tus hijos como hice yo? ¿Porque no les dijiste que el coche es una máquina de matar?

Ese día se levantaron pronto, como cualquier domingo y cogieron su bicicleta. Se fueron los tres. Mi marido y mis hijos. Eran tres personas sanas... los niños sin problemas, con ganas de vivir y de disfrutar de sus vidas. Y ahí estaba tú hijo. Salía de un after, eran las 8 de la mañana. Venía hasta las cejas de todo. Y se llevó a los tres por delante, los lanzó a varios metros de distancia y...los arrastró...los pateó con su coche y los destrozó. Ya no había nada que hacer por ninguno. Ahí estaba él...tú hijo, sentado en su coche fumando un pitillo y negando con la cabeza como diciéndose a sí mismo que eso no había ocurrido. Y mi familia...ahí estaba también, desparramada por la  carretera. Ellos eran mis hijos...mi marido...estaban haciendo ciclismo, el tuyo venia de fumar y de beber...venía de drogarse...y había cogido el coche y había matado a mi familia. ¿Qué le enseñaste tú a tus hijos? ¿Le inculcaste la responsabilidad y las prioridades de la vida? Tú hijo los mató a ellos y a mí. Tú hijo no es como los míos....el tuyo vivía la vida a lo loco, sin respeto ni hacia su vida, ni hacia la de los demás. ¿Te pasaste horas y días hablando con él cuándo le ofrecieron su primer pitillo? yo sí. Y su padre también. Nos pasamos horas hablando con los dos y explicándoles el porqué de decir no. No solo porque lo dijéramos nosotros. El no, era por ellos mismos. Y rechazaron todo tipo de drogas sin pensarlo. ¿Tú qué hiciste con el tuyo? Por lo que supe después, no le hiciste ni caso. Debías de pensar que los hijos se criaban solos...y que seguramente tendrías suerte con ellos, que serían regulares estudiantes pero que encontrarían un buen trabajo.  Se crió solo, como buenamente pudo. Ya se veía de pequeño que iba a ser una bala perdida. Eso me dijeron tus vecinas. Lo tuyo era preocuparte de tí, y de salir y de entrar en tú casa al libre albedrío. No te importaba la educación de tus hijos mientras no te dieran problemas graves. Y te los dieron y seguiste a tus anchas. ¿Porque no pusiste manos a la obra cuándo te enteraste de que tú hijo había robado en un comercio?. Lo dejaste pasar como si eso no fuera importante. Y eso...es el preludio de una vida perdida, de 5 vidas perdidas. La de mi familia, la mía y la de tú hijo.

No te perdono tú desidia con su educación, no te perdono el no inculcarle valores, no te perdono que por su culpa mi familia falleciera. No te perdono que vosotros tengáis vida después de lo ocurrido. No te perdono...que sigáis vivos.



martes, 18 de julio de 2017

¡¡GRACIAS A TODOS!!


Mil gracias a los lectores nuevos...a los más antiguos...a los que pasan esporádicamente y a quienes leen asiduamente. Sin vosotros no hubiese logrado jamás llegar a la cifra de 2.000.000 millones de entradas en el blog.

Desde el año 2011 que lo comencé...siempre pensé que sería algo particular, algo muy mío y que no tendría ni un solo lector.  Aun recuerdo las andaduras por internet...muchas horas para intentar hacer el blog más cómodo a la vista y de forma que resultara simple, sin mucha cosa porque lo importante era escribir y leer. Que nada me entorpeciera la visión. Y repito...pensaba que sería para mí sola.

Mi primer lector fue Rubén. Ya venía de otro blog mío, y me tengo reído con él muchísimo. Los dos nos dedicábamos a escribir y andábamos muy peces en esto de bloguer. Recuerdo a muchísima gente que por diferentes causas fueron dejando de escribir y los echo mucho de menos, o como Chesana, que lo sigue haciendo. Rubén...Gala...Diana...La Abuela Mati...María.....Abuela Ciber...Don Julio y tantísimos otros.... Mucha gente la que pasó por mi blog en todos estos años, y muy buenos recuerdos. Eran años en que tenía mucho más tiempo,  muchas más horas para saludar a los amigos y leer lo que ellos relataban y comentarlo. Hoy en día ya las cosas cambiaron mucho y solamente escribo y contesto algún comentario. Creo que la zona de comentarios es vuestra, para que pongáis lo que queráis, ya sean críticas buenas o malas. Absolutamente todas están publicadas. Recuerdo una persona que me hacía reír mucho. Pensaba que cada relato que yo subía era algo que a mí me ocurría, ósea que pensaba que mi vida debía de ser muy agitada y revuelta. Hasta que un día subí un relato de un asesinato y lo especifiqué muy claro, es invención de la autora. Nunca más volvió a aparecer. A veces...cuando escribo algo un poco fuerte suelo poner eso mismo en honor a esa persona, para no crear falsos pensamientos.

Sé que os gusta leer los relatos que tengan algo relacionado con vuestras vidas...con algo que os ocurrió o sencillamente que os interesa. Hay relatos que a mí particularmente me encantan y quizás por su título no os llaman la atención, y para mí son los que más me gustan. Desde  Atem y Cizany, la vida de un abuelo y un nieto en la Africa profunda, donde la crueldad habita. En el Nombre Del Mal, compuesto por III partes. Habla del bien y del mal, ese mal que hoy en día parece que lo tenemos por todas partes....Dagna...un relato de ficción de una mujer que ayudó a muchos judíos en la II Guerra Mundial. Os nombraría un montón de relatos pero...los tenéis todos en el blog y sois muy libres de escoger lo que queréis leer.


Quiero dar las gracias también a quienes me escribisteis en privado pidiendo ayuda, sobre todo con los relatos de anorexia...bulimia...acoso escolar...Yo intenté guiaros hacia donde debíais de dirigiros. Yo no soy quién para dar un solo consejo, en estos temas tan fuertes, ni en cualquier otro tema. Los consejos son gratuitos pero pueden causar mucho daño. Solo intento hacer una denuncia de ellos. También dar gracias a profesores que usasteis estos mismos relatos para leerlos en el colegio y concienciar a la juventud...y...a mucha gente más que por privado o aquí públicamente me escribió y me guiaban a mi misma dándome consejos de escritura. Quiero daros las gracias a todos y a cada uno de vosotros, por leerme...por estar ahí...por hacer que este blog llegue a los 2.000.000 de visitas.

Estas 2.000.000 de visitas quiero dedicároslas a vosotros. No serían posibles sin vuestras entradas y comentarios. Seguiremos escribiendo porque...me gusta...porque sé que mucha gente está al otro lado esperando que escriba. ¡Va por vosotros!

 GRACIAS.

Midala.

jueves, 13 de julio de 2017

SOBERBIA


"Así soy yo, sencillamente hermosa. Soy la mejor en lo mío y lo sé. Y lo mejor...es que nadie puede negármelo. Tengo todo lo que toda mujer puede desear...soy alta, delgada, elegante, inteligente. Tengo la cabeza muy bien amueblada a pesar de todas mis grandes virtudes. Sé que soy única y nadie ni nada pueden decir lo contrario. Mi físico me ayuda a vivir una vida  llena de grandes lujos. El mundo...se queda pequeño para mí. Viajé a los sitios más recónditos y escondidos del planeta, a las grandes ciudades...visité sitios que todo el mundo desearía ir alguna vez en su vida. Y no lo escondo, lo digo porque me lo merezco. Soy prostituta de lujo y también me dedico a acompañar a los grandes empresarios...políticos....cantantes...cuándo requieren mis servicios. Y muchas de esas veces es acompañarlos a una cena a miles de kilómetros en avión privado y pasar varias noches en los hoteles más lujosos del mundo. Acompañado todo de regalos exclusivos para una mujer como yo. Joyas, pieles y pisos. No puedo negar que soy afortunada. Mi vida transcurre entre gimnasios, masajes, fiestas...comidas en grandes hoteles. Lo poseo todo. La vida está en mis manos y me siento una mujer muy feliz y afortunada. Vivo para cuidarme y mimarme y jamás podría vivir en un cuerpo feo o sin cuidar... Los hombres me deleitan con las frases más hermosas que nadie se pueda imaginar, y sus regalos son de muchos...muchisimos ceros.Soy lista e inteligente y sé que no puedo enamorarme de nadie, tan solo cumplir con mi trabajo y sacar de él el mayor rendimiento posible."

así es ella y no merece más que mi desprecio. Esa es la descripción que dá siempre de ella misma. Es una mujer aplastante. Se ríe del prójimo, de quién no es tan hermoso como ella o de quién no posee sus bienes. Siempre está por encima de los demás, y su soberbia le impide ver la realidad. Pero...le iba a durar muy poco. Una mañana, yo la iba a llevar al aeropuerto ya que tenía programado un viaje de "negocios". Esa mañana el destino nos iba a jugar una mala pasada. ¿O....buena?

Salimos de madrugada y yo iba cansado. Ella iba detrás, discutiendo conmigo, ya que no estaba todo como ella deseaba. Yo callaba y solo la escuchaba gritar. La corbata...la chaqueta...nada estaba en perfecta armonía. Y de pronto, en una curva el coche se me fue. Siempre pensé que había ocurrido por mi estado de agitación interior. Ir conduciendo con alguien gritándote no es relajante. Pasamos mucho tiempo en el hospital. La peor parte se la llevo ella. Su hermoso rostro y su escultural cuerpo quedaron muy dañados y llenos de cicatrices. Su recuperación fue muy lenta. De aquella mujer hermosa no quedaba nada más que un cuerpo hinchado y deformado. Yo iba a cuidarla ya que me sentía responsable de lo ocurrido, pero ella seguía machacándome. Su forma de ser estaba intacta, el accidente no la había cambiado. Todo lo contrario. Cada vez era peor. Muchas veces pensaba que debía de haber muerto en ese maldito accidente. Yo la cuidaba y era el único que ya me interesaba por ella y a cambio solo recibía gritos e insultos.

Hasta que me cansé. Juro hoy en mi lecho de muerte...que no pude más con tanto desprecio, tanta soberbia y vanidad. Sí, yo prendí fuego a su mansión y todo voló por los aires, ella incluida. Ahí terminó su vida. Estaba en la cama, con sus ropas de lujo y su cara desfigurada. Yo iba todos los días a verla. Creía que era mi obligación, cuándo no tenía ninguna con ella. Esa mujer dañó mi vida hasta ese momento. Y a partir de ese momento...fui feliz. Sin remordimientos...sin lamentaciones."



 Al hombre los trabajos le hacen humilde; mas las prosperidades siempre le engríen; pues la riqueza rara vez se separa de la soberbia. Melchor de Palau: Ingeniero, profesor, crítico literario y escritor español miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y de la Real Academia Española y presidente de la Sociedad de Escritores y Artistas Españoles.

lunes, 5 de junio de 2017

HUELLAS DEL PASADO


Eva paseaba por el mercadillo de la ciudad. Le parecía fascinante. Se podía encontrar desde una plancha de los años 50 hasta fotos de principio de siglo. Tenía ganas de comprar algo que saliera de lo normal para poner en el salón. En ese mismo instante sus ojos se toparon con una maleta antigua. Era de color marrón con tiras de color verde en cuero. Precioso. ¡Ya tenía lo que quería! Preguntó precios y regateó algo, pero estaba convencida de que esa maleta tenía que ser suya. La cogió por las asas de cuero y se fue con cara de felicidad dando un bordeo por todos los puestos mirando a ver si encontraba algo más. Y sí, había muchas cosas, pero que le gustaran como la maleta que llevaba no. Eso era justo lo que necesitaba y ella misma iba a dejarla como fue en un principio, limpia y reluciente.

Llegó a casa y la contemplo en silencio. No le iba a dar mucho trabajo. A lo mejor tendría que cambiar el forro y quizás alguno de los cueros o mejor los dejaría para darle ese aire antiguo. Toco el forro y había sido en su tiempo un buen forro de seda pero tenía que cambiarlo. Lo fue levantando con mucho cuidado, por un lado y por otro. Cuándo tenía todo sacado, vio como un doble fondo de maleta. Una tabla que ocultaba algo. Pensó que estaba de suerte porque iba a descubrir algo interesante y se puso manos a la obra nerviosa. Con un destornillador logró levantar la madera poco a poco y cuál sería su sorpresa que había allí guardadas montones de cartas antiguas. Las contempló pensando que iba a violar un secreto. Cuándo esas cartas se guardaban ahí es que contenían  algo importante. Algo tan importante que había permanecido oculto muchos años. Las cartas eran antiguas, el papel estaba amarillento pero se podían leer perfectamente ya que estaban muy bien guardadas.
Las colocó encima de la mesa. Una por una y se decidió a leerlas. Pasó la tarde leyendo cada una de las cartas.

Eliana y Jácome. Eran los dos protagonistas de dichas cartas. Ambos eran judíos. Se conocían desde niños y no tardaron en darse cuenta de que lo suyo era amor verdadero, por lo que contrajeron matrimonio. Pronto...muy pronto estalló la segunda guerra mundial.Y con ella los horrores. Ellos vieron como les daban a escoger entre su padre y su madre...su hermano o su hermana. Vivieron en primera persona el drama del holocausto nazi. Permanecieron ambos en distintos campos de concentración por muchos años para tanto sufrimiento, demasiadas experiencias y demasiado dolor para resumirlo en unas cartas. Eliana le contaba a Jácome que le quedaban los días contados...había escapado de la muerte muchas veces, quizás  su cara hermosa es la que la había salvado. Pero lo había pagado con vejaciones y violaciones. No se mantenía casi en pie y el no ir a trabajar implicaba la muerte. Jácome le contaba como enterraba a diario cientos de cadáveres y como llevaba a las mujeres y niños a la cámara de gas diciéndoles que iban a la ducha común. El dolor de lo leído era inmenso. Los dos habían querido día a día contar sus experiencias por escrito, para que se supiera del dolor que habían sufrido. Había unas fotos de los dos. Ella era una mujer elegante y bonita,  y llena de salud. El era...un hombre fuerte y guapo. Varonil. Y la vida les había tratado de la peor forma posible. Las cartas terminaban cuándo se reencontraron. Muchos años después de terminar la guerra. Ella había estado buscándolo y él también, pero hasta en eso la vida les había puesto trabas. Se reencontraron siendo ya personas muy adultas. La última carta era de Jácome, donde contaba que había sido de su vida en común. Se habían casado y sido tremendamente felices. No habían tenido hijos...demasiado tarde llegó para ellos eso. Eliana había pasado por tantas vejaciones que no podía engendrar un bebé. Pero eso a él no le importaba. El solo deseaba para el resto de los días que les quedaban a su lado y cuidarla como si de una flor se tratara. La mimó y cumplió todos sus deseos igual que hizo ella. Fue un amor sin fin. Era la última carta de Jácome, en la que explicaba su última etapa de la vida al lado de su gran amor. También decía que la persona que encontrara sus cartas hiciera todo lo posible para que salieran a la luz, y sería una historia más a las que añadir al holocausto nazi. Ellos en vida habían querido olvidar...pasar desapercibidos...pero no querían que la humanidad se olvidara de que el holocausto había existido y muchas personas habían fallecido injustamente de una forma cruel.

Y las cartas....habían caído en las manos de Eva. Famosa escritora.  Con ansiedad pensaba ya en la preparación de su libro y quería contar la historia de esta pareja, su enorme sufrimiento sería añadido a la listas de una de guerras más crueles de la humanidad. Sabía a dónde tenía que llevar sus cartas, las llevaría al centro Simón Wiesenthal. Allí tenían registro de absolutamente todos los nacis que aún permanecían con vida y de sus actividades. En las cartas se nombraban a numerosos criminales de guerra. Se tendría que poner en marcha y comenzaría por desplazarse hasta la biblioteca del centro Simón Wiesenthal que estaba en los Angeles. Ella conocía la historia de Simón Wiesenthal porque era un hombre conocido mundialmente, ya que había permanecido cuatro años en distintos campos de exterminio naci. Y una vez terminada la guerra, lo único que buscaba era encontrar a los asesinos que aún seguían con vida y llevarlos ante la justicia. Tuvo muchos impedimentos para ello, la política llegó a ser en este caso...en vez de una ayuda un estorbo, ya que había muchos políticos que habían conocido de lo allí ocurría y no hicieron nada. Una historia apasionante, como la del matrimonio, y quizás...también algún día tenía que contar su vida. Era un tema del que nunca había hablado en sus libros ya que creía que estaba olvidado, pero estas cartas...habían removido sus sentimientos y sus ganas de mostrar al mundo la vida de Eliane y Jácome.

Quería ir recopilando datos, buscando posibles familiares y amigos del matrimonio. Tenía mucha tarea por delante antes de comenzar con su libro. Estaba ilusionada. Pasó meses haciendo trabajos de investigación y concertando entrevistas con personas que quizás pudieran ayudarla. En las cartas había muchos nombres. Nombres de asesinos. Y lo primero que tenía que hacer era comprobar que todos estuvieran ya muertos. Era una tarea ardua, pero el centro Wiesenthal era de gran ayuda. Tendría que desplazarse a los Angeles para recopilar más datos. Tenía concertada una entrevista con alguien muy importante para sus investigaciones, para dentro de dos meses. Se enteró de muchas cosas que ignoraba y cuánto más sabía más miedo tenía. Sabía que estaba en peligro. No pertenecía al pasado. No era una historia de hace años...era algo que aún hoy en día había algunas organizaciones que seguían manteniendo que no había ocurrido el extermino nazi. El señor Wiesethal había llevado a lo largo de su vida a 1.100 criminales nazis ante la justicia. Pronto podría comprobar si todos los nombres de su lista habían pagado por sus crímenes.

Una mañana en la que estaba trabajando en su ordenador, alguien entró en su casa. Lo hizo meticulosamente sin hacer ni el más mínimo ruido. Eva tenía sus dos ordenadores abiertos y las copias de las cartas las tenía pegadas en un tablón de corcho, con chinchetas agarradas. Era su forma de trabajar. Las originales seguían en su sitio original hasta que las pudiera llevar al centro W. Alguien se acercaba lentamente por detrás, con una aguja en la mano. Ella de pronto, vio el reflejo en su ordenador de una persona detrás de ella. Se  giró bruscamente, pero solo le dio tiempo a verle la cara y recibir un pinchazo en su yugular.

El hombre sabía dónde tenía que buscar y sabía lo que buscaba. Y allí mismo lo encontró. En su sitio original. En la maleta. Eva ya no sería ningún problema para ellos. Nada, ni nadie podía con ellos.


» George Marshall  (1880-1959) Militar y político estadounidense. Jefe Eº Mayor durante la II Gª Mundial.